miércoles, 19 de enero de 2011

10.95

Felicidad a 10.95
Si hay algo que se pueda calificar como utópico, o más bien como completamente irracional, eso es ponerle precio a la felicidad. ¿O quizás no?
Yo puedo asegurar que ser feliz durante un mes me ha costado diez con noventa y cinco euros. A pesar de la traumática ascensión por la cara norte del K2 que para mí supone Enero, de las dudas con las que siempre comienzo a caminar todos los años y de las enfermedades estacionales recurrentes que sufren mis hijos, la lectura de Conversación en la Catedral de Vargas Llosa me ha proporcionado momentos de dicha extrema y una sensación de plenitud indescriptible. Superada una primera fase de incertidumbre, en la que llegué a dudar sobre mi capacidad de seguir adelante por la complejidad del lenguaje y sobre todo por lo caótico de su estructura, llegó un momento en el que inconscientemente comencé a engullir la novela con auténtica avidez.
Esto no es un libro, es EL LIBRO y lo que pretendo hacer a continuación no es una crítica literaria, más bien un compendio de reflexiones inconexas y desordenadas, ni siquiera lo he terminado y por lo tanto cualquier juicio de valor sería incompleto. Estoy recorriendo las cien últimas páginas, con esa sensación de perdida que me suele acompañar cuando algo importante en mi vida termina, salvando muchas distancias, es comparable con la certeza de saber que un ser querido llega al final de sus días, no puedes hacer nada al respecto pero sabes que después te quedará la alegría que te proporcionó y los buenos momentos que compartiste a pesar del sentimiento de orfandad que te deja.
Estoy completamente perdido, no sabría clasificar la obra en ningún genero. Si me preguntan si es un drama diría que sí, pero si tuviera que hablar de su faceta cómica y tono humorístico, también lo haría. Podría ser perfectamente un ensayo sobre la ignominia aunque sin duda es una novela negra con intrigas políticas. Tampoco creo equivocarme si digo que la historia versa sobre las miserias individuales que todos sufrimos y sin embargo ahonda en las relaciones familiares y en la amistad. Es también una novela romántica con tintes eróticos. Es poesía, amor, desamor, suspense, terror, fracaso, éxito, historia, actualidad, alcohol, traición y caos.
La teoría del caos se conformó partiendo de la observación de los fenómenos meteorológicos, la ausencia de orden y solapamiento de los mismos provocó teorizar sobre ellos, se llegó a la conclusión de que los sistemas dinámicos y flujos turbulentos sí tienen una estructura clara identificable matemáticamente. Conversación en la Catedral es todo esto y mucho más.
Recomiendo apasionadamente esta lectura, enredarse en su maraña de historias es una experiencia dificilmente comparable para cualquier turbutópico que se precie, un buen amigo me aconsejó paciencia al principio y yo hago extensible esta recomendación a quien se lance a la aventura.
El único que sabe el cómo y el porqué de esta obra es Mario, y por lo tanto mejor escucharle a él, no obstante, nueve de cada diez lectores creen que es preferible leer primero y videar después para evitar posibles spoilers.

Me quedo con una frase del maestro "Yo no creo que los países se jodan en un momento......es un proceso", tomemos nota. Por ahora, a mí me han entrado unas ganas incontrolables de viajar al Perú, no sé a vosotros...

2 comentarios:

  1. Hola turbotópico, me siento tan identificado contigo, aunque tenga la novela - su argumento y su estructura- tan sólo en la neblina de un recuerdo difuso, una neblina semejante a la de su arranque. Pero sí sigo albergando la sensación cierta, única y cristalina, que tú nos transmites con tanta pasión ahora que la has concluido: la de haber leído algo probablemente único en mi vida. Me alegro además de que hayas seguido el consejo de ese amigo y la perseverancia se haya visto recompensada (a veces lo es, no siempre, y, cuando es el caso, la felicidad es mayor si cabe). Ahora tienes que cumplir ese otro deseo utópico que ha catalizado la lectura de Conversación en la Catedral. Yo, que también he tenido esa fortuna de viajar al Perú en dos momentos - bien distintos, por cierto, el del Perú jodido de finales de los 80 y el del Perú floreciente de finales de la década pasada- también te encarezco a que perseveres y hagas partícipes a los tuyos de un viaje que apuesto a que será igualmente inolvidable. Enhorabuena compañero de lecturas y emociones.

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  2. Tus apuntes y recomendaciones hacen que uno se sienta acompañado en el ciberespacio y además empiezan a ser pieza fundamental de este dianóico blog. Gracias

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