miércoles, 26 de enero de 2011

Borderline

La libertad de expresión es un derecho fundamental del individuo, se recoge en todas las constituciones democráticas y todas se basan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 48 que dice lo siguiente: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." Soy un convencido y beligerante defensor de esta conquista jurídica, sin embargo, nado entre dos aguas porque creo que una sociedad avanzada no debería tolerar el insulto, la descalificación personal o cualesquiera de los múltiples exabruptos que presenciamos a diario en los medios de comunicación, para los que, por cierto, tengo la fortuna de trabajar.
Voy a omitir conscientemente cualquier mención a lo que acontece en los programas de la mal llamada crónica rosa que pueblan nuestras parrillas televisivas, lo hago por tres motivos, primero porque esto se ha convertido en un genero circense - desde aquí mis disculpas y respetos a todos los profesionales del tan noble oficio del Circo por este desafortunado símil - en cualquier caso me refiero a la tradición Romana, con sus leones, cristianos, gladiadores, etc. En segundo lugar porque el único objeto de estos contenidos es entretener y la bronca o el improperio son ingredientes fundamentales de este divertimento que sus protagonistas aceptan y asumen casi por contrato. Por último, porque afortunadamente en estos espacios se tratan temas banales de escasa relevancia para nuestra vida diaria.
Por el contrario, lo que no es permisible es el "todo vale", que medios de comunicación serios, donde quiero creer que se tratan temas trascendentales, den cabida a personajes cuyas argumentaciones sólo se sustentan en la injuria y la ofensa con el único propósito de incrementar la notoriedad, las audiencias o las tiradas. Nunca pensé que desde este Blog, publicitaría a "ciudadanos" de verbo indecoroso como Sostres o García Serrano, pero sinceramente, creo que es fundamental analizar sus intervenciones y escritos profundamente irrespetuosos e hirientes para ilustrar mi argumentación. Debemos marcar unos límites, una frontera que nos proteja del libre albedrío, sé que todos los medios tienen su libro de estilo que marca su código deontológico y también sé que los códigos civil y penal establecen medidas de protección para la integridad moral de las personas, pero está claro que nada de esto funciona.
Somos nosotros directamente responsables, por muy utópico que suene, la educación es nuestra arma, no podemos permanecer ciegos, sordos y mudos como los tres monos místicos de la tradición budico-animista, es necesario rebelarse, en caso contrario, esta tendencia contaminará irremediablemente nuestro país y hará imposible la convivencia.
El paradigma de la mediocridad es cuando esta ola inunda la política, convivo con italianos expatriados que me hacen diariamente participe de su desazón, cuando un primer ministro traspasa la barrera ya no hay vuelta atrás y el ambiente se tiñe de negra incertidumbre. Para muestra un botón:

Ante esto, me gustaría felicitar al presentador por su flema, moderación y saber estar en tan ingrata situación. Para terminar quisiera aclarar que con el título de este post pretendía establecer un paralelismo entre la frontera que no debe traspasar la libertad de expresión y la personalidad límite que demuestran tener algunos de los sujetos que constantemente quebrantan las reglas del juego, espero que en ningún caso esta palabra se malinterprete como un ultraje hacía ellos.

2 comentarios:

  1. La libre expresión implica derecho a réplica y el que la usa debe asumir el reto. Los cobardes se parapetan en el exabrupto y en las "ruedas de prensa sin preguntas"

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  2. No lo podría expresar mejor Aserto...

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