miércoles, 23 de febrero de 2011

Elegía desgarrada

Dtor. de Banco, feliz con mi desdicha
¿Y tú pretendes que te quiera?
Tú que me atrajiste con tus cantos de sirena,
hoy me condenas al abandono
Tú que nunca estás
en los momentos que más te necesito.
Tú que me desprecias
cuando sólo busco lo que es justo.
Tú que me robas
tras morir un ser querido.
Tú que me saqueas
si tu beneficio ha caído.
Tú y tus promesas
que se escapan como el viento.
Tú que siempre amasas
con codicia mi dinero.
Tú que a treinta años me condenas
con la hipoteca del ahogo.
Tú me vilipendias
sólo por pecar de confiado
Tú que te lucras
y yo que me desvelo.


Tú deseas que comprenda
el fraude y la desidia
Mas la injusticia me subleva


Yo no soy un pusilánime
lucharé y divulgaré
Esperando, un día verte caer.

Post Scriptum: Dedicado a Ricardo, Mario, Javier y todos aquellos nefastos gestores del Banco de Sabadell  que con empeño han conseguido día a día hacerme la vida un poquito más difícil. Gracias por nada, vuestra mediocridad será siempre mi inspiración.

Este extravangante post es fruto de mi desasosiego personal y de la necesidad terapéutica de achicar, debo expulsar los negros nubarrones que contaminan mis pensamientos. Soy cliente de un banco, aunque este me hace sentir como un malhechor por el trato que me profesa, ha conseguido enturbiar mi alma y mantenerme inmerso en un angustioso lodazal de odio. No quiero extenderme en la explicación, pero esta lúgubre trova (mil perdones a los poetas de verdad) habla de las hipotecas que no tenían suelo, ni túnel, ni comisiones hasta que aparecen cuando una entidad bancaria está al borde de la ruina, deseo que a nadie más le incrementen un 130% los intereses de un año a otro. También habla de cómo recomendarle a una anciana inversiones a largo plazo para posteriormente, una vez fallecida penalizarla con miles de Euros por no mantener el plazo. Además explica, cómo se intenta aprovechar un aval que ni recuerdas para solventar la deuda de personas desaparecidas que ni conoces. Narra, en síntesis, un compendio de abusos de confianza y recomendaciones dolosas perpetradas a lo largo de los años, conste que reconozco mi propia negligencia y la necesidad de las entidades financieras de rentabilizar sus negocios, aunque sin duda una banca más justa es posible. Espero, sinceramente, ser el único que sufre estos padecimientos, de no ser así os invito a publicar vuestras experiencias en el muro de Turbutopia en Facebook. A continuación, una pequeña muestra de cómo gastan nuestro dinero, excelente spot aunque desprestigiado por su falaz mensaje.



Cómo despedida te digo lo que tú ya sabes:
Hagamos posible la utopía, aspiro a un trato digno, tenemos por delante un vínculo de tres décadas y sólo anhelo un asesoramiento franco, transparente y veraz, pongamos fin a los abusos, si quieres, puedes. Tus acciones, a corto plazo, hunden empresas, personas y familias, pero te diré, desde mi humilde experiencia profesional, que a largo plazo, en la sociedad de la información que habitamos, todo lo que haces, termina por hacer mella en la confianza que los clientes depositan en ti. No me siento solo,  basta con echar un vistazo a la primera página de Google para encontar opiniones consonantes. Pocas armas hay más poderosas en el siglo XXI que el boca a oído y me temo que esta marea no la contrarrestan cien Guardiolas.

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