miércoles, 7 de diciembre de 2011

Feliz Vanidad

Sólo se consiente la vanidad a los genios.
No parece que ellos lo sean... 
Ni soy el espíritu de la navidad futura, ni el título es una errata, ni me he vuelto majareta, simplemente constato que mucha gente es dichosa en su vanidad y eso parece bastarles aunque alrededor los problemas sigan creciendo.

La imagen de una ministra compungida recorre el planeta mientras el bocado a las pensiones ya se ha perpetrado, quizás por eso lloran los cocodrilos, no es plato de gusto devorar al ñu más débil de la manada, su carne ya no es fresca y sin embargo es la más accesible. Imagino la dura jornada de la nueva responsable de trabajo italiana, agotada tras su salto a la fama global, recibiendo llamadas de apoyo para mitigar su profunda pesadumbre, intentando enjugar sus lágrimas en una sortija de brillantes que parece incapaz de absorberlas.
Es probable que incluso telefonease algún portavoz vaticano para ofrecer soporte espiritual y de paso agradecer personalmente a su gobierno el dejar intactos los privilegios fiscales de la iglesia. Sinceramente, no creo que esta mujer celebre su celebridad instantánea pero el cupo de vanidad está cubierto.

Pocas horas después, dos "grandes" líderes saltan a escena con aire solemne arropados por dos banderas nacionales que más que abrazar, parecen querer ahogar a la de todos.
Son ellos, sempiternos salvadores de Europa, quienes, deslumbrados por los focos y engrandecidos por el destino, desean dejar su vana y vanidosa huella en los libros de historia siendo quizás conscientes de que su futuro cercano les alejará de cámaras y portadas. El resto de cabecillas, observan temblorosos sin conseguir desprenderse de la arrogancia que hunde el proyecto europeo, sin darse cuenta de que conseguir peso específico para un país concreto es lo contrario que buscar una unión próspera, duradera e igualitaria. Nosotros, espectadores anónimos, esperamos ansiosos desde el patio de butacas a que el corifeo nos desvele más información o alguien se sincere en aparté.

Y no debo caer en la omisión partidista olvidando mencionar a los que no pueden resistir la llamada de un escaparate masivo para hacer exactamente lo contrario de lo que se espera de ellos. Curiosa forma de construir socialismo es pretender difundir tus particulares pensamientos  mediante un test psico-técnico de escaso valor ideológico.
Amplias sonrisas en una imagen cenital desconcertante de quien parece reclamar a un dios inexistente la atención que creen merecida tras años de entrega a una organización blindada. Pobre premio el ser cabeza de ratón pudiendo ser cola de león. Anciana juventud la de quien antepone la P de partido a la S de sociedad, una sociedad que pide a gritos una renovación valiente de ideas y personas con las que poder identificarse. Si no tenemos nada nuevo que decir mejor no decir nada, podemos correr el riesgo de confundir progresismo con progreso personal.

Probablemente sea injusto juzgaros a todos por igual sin de verdad conocer vuestras intenciones, pero quien busca su minuto de gloria, quien sucumbe ante la indudable seducción de los focos debiera comprender que todo espectáculo requiere una crítica y que críticos podemos ser todos, eso no nos lo pueden arrebatar. Por otro lado, tampoco parece justo que debamos arder juntos en una hoguera alimentada por vuestras vanidades.
Busquemos pues en la hoguera al personaje más afín y quizá seamos capaces de descubrir nuestros errores.



Este es el frívolo mundo que nos ha tocado vivir, un mundo tan veloz como vacuo. Al no estar exento de vanidad, no pretendo tirar la primera piedra tan sólo recordar que no en vano, vano es sinónimo de vanidad.
Aun sospechando que la humildad nos acerca más a la utopía del bien común y por lo tanto a la felicidad, os deseo una feliz vanidad, disfrutadla mientras podáis.

PD: Gracias Antonio por tener el coraje de querer publicar mis divagaciones, tu osadía alimenta sin duda mi vanidad.

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