viernes, 17 de febrero de 2012

¿Decir o hacer?

No le reconocéis porque no hay muchas fotos ni entrevistas de joven.
Estaba demasiado ocupado para eso...

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Se dicen tantas cosas, hay tantos medios a nuestra disposición para hacer fluir la verborrea oral y escrita que empieza a dar la impresión de que se hace poco porque se dice mucho, aunque también es posible que se diga tanto porque no hay gran cosa que hacer, nos han convencido de que casi nada está ya en nuestras manos. Nos hemos convertido en meros escuchadores del decir y a partir de ahí, sólo queda expresar el acuerdo con unas afirmaciones o la confrontación con otras.

En política, ya estábamos acostumbrados a que nos dijeran de todo en campaña electoral, que no nos subirían los impuestos, que se cumplirían los compromisos medioambientales, que no debíamos temer por los derechos fundamentales a una educación y sanidad públicas, de calidad y gratuitas, que se tomarían medidas drásticas para despolitizar la justicia, y tantas y tantas cosas. Luego no se hace nada y si se hace es exactamente lo contrario a lo dicho, la gran diferencia en estos tiempos modernos con respecto a lo conocido es que ya no se disimula ni se camuflan los engaños bajo el poso del olvido que deja el transcurrir del tiempo, hoy se descubre la mentira al día siguiente de pronunciarla porque no tiene ninguna consecuencia.

Estamos en le época del "este soy yo y esto es lo que hago", la era de las identidades digitales. No deja de ser curioso ver como supuestos gurús de diversos ámbitos, empresarial, académico, jurídico u otros se exponen y nos exponen a sus logros y proezas. Basta abrir una red social para descubrir a cientos de personajes que, dejando el pudor a un lado, no cejan en el empeño de narrarnos sus hitos. Nos cuentan los triunfos de sus empresas, la cantidad de gente que vive de ellos, sus proyectos, sus viajes, sus encuentros en la cumbre con otros congéneres, el éxito de sus hijos en universidades lejanas y la excelencia culinaria de los alimentos que se disponen a ingerir. Cuando tengo un rato para leerlos siempre me surgen dos pensamientos, primero me pregunto como es posible que hagan o hayan hecho tantas cosas habiendo dedicado tanto tiempo a contarlas, después me arrepiento de haber desperdiciado un instante de mi vida en leer a semejantes individuos. Como ellos nunca me leerán y además les da igual lo que escriba porque son omniscios les diré que en un mundo superpoblado, cien mil fans no es nada, que la mayoria de la gente de mi entorno en el mundo real no conoce ni sus nombres, que sus barcos, viajes en primera clase y opiniones geo-estratégicas me importan una hez y que sus supuestas epopeyas vitales, cuando son ciertas, parecen esconder más sombras que luces.

Luego está la cotidianidad del decir, el amigo que te dice que no se te ve el pelo pero no acepta tus invitaciones, el jefe que te comunica un plan comercial anual a sabiendas de que no se puede cumplir, el que te dice que te devuelve la llamada enseguida y no vuelves a saber nada de él hasta que necesita algo de ti, el que simplemente dice que sí a todo por no decir que no, el que afirma que la tele es basura y no la apaga ni para dormir, el abogado que te dice que no debes preocuparte de nada y consigue que lo pierdas todo sin ninguna preocupación, el que halagándote te augura un gran futuro pero no piensa contar contigo nunca, el que te dice "ven a verme" y cuando vas no está. Personas que dicen sentir y no sienten, que dicen amar y no aman, que dicen sufrir y no sufren, que dicen que te quedes cuando hace tiempo que te fuiste.
Hablar, hablar, hablar y hablar. Abulia, desidia y pereza ¿esas son las características definitorias del Homo Socialis en la era del infinito punto cero? ¡Desde luego que no! No deberíamos confundir lo común con lo único ni mucho menos con lo "normal".

Lo que pretendía hoy, con poca fortuna me temo, era rendir homenaje a todos aquellos y aquellas que hacen tanto por nosotros, cada día, con tal dedicación y esfuerzo que no tienen tiempo para contarlo.
Esos investigadores mileuristas, esos médicos de atención primaria sobre-explotados, esos abogados de oficio decepcionados, cientos de voluntarios que desde aquí o desde allá tratan de hacer la vida más fácil a los que no tienen voz, agricultores y pescadores sumidos en la precariedad de un sistema abusivo, profesores denigrados que cada mañana buscan una motivación para acudir a un trabajo sin recursos, miles de trabajadores del sector doméstico que cuidan de nuestros hijos y padres sin tener ya ninguna esperanza de convertirse en ciudadanos de pleno derecho, etc

Son tantos los héroes mudos cuyo silencio abona nuestro olvido que estoy seguro de no haber nombrado más que una ínfima parte, porque ellos no tuitean, no tienen tiempo que perder en un blog, su actividad no se puede describir en Linkedin y el escaso tiempo de que disponen para el ocio no se puede malgastar en Facebook. Ellos no miran estadísticas, viven al margen de las fluctuaciones bursátiles, no critican la tele porque no la ven, no votan porque nadie se lo pide, no mandan mensajes de tranquilidad a los mercados y nunca dicen que no tienen tiempo porque no tienen tiempo para decirlo.

Ojalá fuese yo uno de ellos pero no. Yo también soy de los que dicen y digo tanto que ya no sé ni lo que digo, digo tanto que no hago nada, digo tanto que sólo aspiro a alcanzar la utopía de lograr algún día hacer algo que sirva para alguien más que para mí mismo, mi banco, mi suministrador eléctrico, mis compañías de seguros y mi querida telefónica. Mientras tanto me seguiré desahogando diciendo cosas, si un día dejo de hacerlo no os asustéis, será que he cumplido un sueño.



A pesar de todo, hay veces que las palabras sí son importantes, sobre todo cuando vienen de alguno de esos seres excepcionales capaces de hacer y decir:
"Muchas zonas del mundo se enfrentan a la hambruna mientras que otras viven en la abundancia. A las naciones se les prometió libertad y justicia, sin embargo hemos presenciado y seguimos presenciando, incluso ahora, el triste espectáculo de ejércitos libertadores abriendo fuego contra poblaciones que sólo desean independencia e igualdad social. Mientras tanto apoyan con la fuerza de las armas a aquellos partidos y personalidades que parecen ser más adecuados para servir los intereses creados, las cuestiones territoriales y argumentos de poder obsoletos a pesar de que las exigencias básicas de bienestar común y justicia aún prevalecen."
Un discurso muy actual ¿No?

PD: Dedicado a Martín, Enrique, Jesús y tantos otros, cuyas memeces presuntuosas, al fin y al cabo, resultan inspiradoras.

2 comentarios:

  1. Hoy me has llegado mucho, Gracias. "Vicente, eres un ejemplo para la Humanidad, no por lo que has dicho, sino por lo que has hecho", lo dijo Bono entonces Presidente del Congreso en su entierro en la India, y te viene al pelo esta semana.

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  2. Ya sabes aquello de "por sus hechos los conocerás". Bonita reflexión, Álvaro, que me ha hecho acordarme mucho del maestro Tomás y Valiente que solí repetir que faltaban acciones ante tanta palabrería... (y ya ha llovido, que esto era allá por el 93...)

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