jueves, 15 de marzo de 2012

No sirve para nada.

¿Caducó el Estado del Bienestar al comenzar la crisis?
No lo creo...
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Parece ser que estamos en situación de recortar unas cuantas decenas de miles de millones de Euros sin que esto afecte en absoluto a nuestra vida diaria, nuestras contraprestaciones sociales o las infraestructuras públicas, por lo tanto, debemos concluir que hay una infinidad de cosas que no sirven para nada. Al estar de acuerdo con que la mayoría de objetos que poseemos son superfluos o prescindibles, aunque mucho me temo que no hablan de ese planteamiento filosófico, no haré un análisis pormenorizado del tijeretazo previsto pero sí dedicaré un rato a enumerar aquello que no tiene ninguna utilidad según algunos portavoces políticos y mediáticos.

Cada día nos taladran la mollera con la idea de que los sindicatos no sirven para nada y parece que el arquetipo del sindicalista chupón empieza a calar en la sociedad. Poco importa ya que desde hace dos siglos hayan sido ellos - que somos o deberíamos ser casi todos nosotros - quienes han conseguido que tengamos vacaciones, que disfrutemos de días libres, que trabajemos lo suficiente para hacer crecer empresas a la vez que disfrutamos de nuestras familias, que los niños no trabajen, que las mujeres recién paridas puedan disfrutar de una holganza o que existan ciertas normas que hagan que nuestros salarios evolucionen. Nada, nimiedades, los sindicatos no sirven para nada, viven de nuestro esfuerzo y poco menos que se han convertido en nuestros usurpadores enemigos. Vale, asumámoslo, negociemos nuestras condiciones laborales individualmente a partir de ahora, a ver si hay suerte y encontramos patronos comprensivos.

Otro empeño recurrente es convencernos de que los medios de comunicación públicos son prescindibles, es curioso que mucha de esa misma gente diga que no ve la televisión porque es bazofia. Bueno, pues hagamos desaparecer entonces los medios públicos pero asumamos que en paralelo estaremos sumergiendo cualquier disciplina deportiva que no sea publicitariamente rentable, destruyendo todos los contenidos puramente divugaltivos, eliminando los debates políticos y suprimiendo la cultura y educación de nuestra existencia mediática (por cierto, en este preciso instante en el que escribo, comienza Redes en La2, habrá que despedirse, las minorías han dejado de importar). Quizás lo de informar, formar y entretener ha quedado antiguo y hoy lo que prima es divertir, apaciguar y lucrar, todo es posible.

De cooperación internacional y ayuda al desarrollo ya no nos hablan, sencillamente se opta por degradarla a un tercer grado ministerial, privarla de recursos y mantener silencio para provocar que caiga en el olvido. Claro, bastante tenemos con lo nuestro. Hemos pasado velozmente de luchar por el famoso 0,7% a hacerlo por no llegar al 0,0%, corremos el riesgo de convertirnos en una cerveza sin, una nación insulsa y sin conciencia. Probablemente ya tampoco sirve de nada la solidaridad, nadie se acuerda de que gracias a nuestro liderazgo en el tercer sector conseguimos pertenecer al deseado G20, que gracias a ella millones de personas han podido dignificar un poco sus vidas o recuperar los hogares destruidos en diversas catástrofes o que, siendo materialistas, nuestras escasas grandes multinacionales han accedido a condiciones especiales para explotar recursos en aquellos países donde hemos colaborado. Quizás todo esto no sea suficiente para dar valor a la ética.

Por supuesto, tampoco sirven de nada las energías renovables, lo han conseguido, nos han persuadido de que son un mero complemento a las convencionales, poco importa que unas se agoten y las otras no, que unas contaminen y las otras no, que todo, en defiinitiva, depende de la iniciativa política, no de leyendas urbanas con escaso peso argumental. Dentro de poco completarán la jugada, dirán que es inútil que haya tantas instituciones educativas si no hay recursos para mantenerlas, que no tiene sentido conservar tantos hospitales en precario, que hay medicamentos y vacunas prescindibles y que en realidad tampoco deberíamos permitirnos tantos partidos políticos ya que la labor de oposición es irrelevante y traicionera. No sería la primera vez...

Negarse a la ignorancia y huir de la complacencia neo-liberal es de recibo, aunque tuviesen razón, que no la tienen, siempre es sano proponer argumentaciones alternativas, además, despertar la rebeldía dormida siempre rejuvenece. La dialéctica del inconformismo será más o menos minoritaria, más o menos utópica pero siempre ha sido y seguirá siendo útil a nuestra sociedad.




PD: Gracias a todos aquellos y aquellas que cada día se levantan para luchar por cosas que no sirven para nada.




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