jueves, 8 de marzo de 2012

Ocho

Quien se opone a este día es igual que ellos...
Porque el mundo ha cambiado aunque algunos se empeñen en conservar planteamientos neandertales.
Porque ya hemos probado las antiguas formas de liderazgo y necesitamos conocer las nuevas.
Porque la inteligencia emocional es un valor al alza y la fuerza bruta un rigor ultramontano.
Porque para exigir a otras culturas que respeten el derecho de igualdad debemos predicar con el ejemplo.
Porque es inconcebible que alguien tenga menos oportunidades por el simple hecho de concebir.
Porque la meritocracia es falaz si para conseguir lo mismo has de demostrar el doble.
Porque tolerar la ignominia sexista es intolerable y nos hace cómplices.
Porque en España hemos empezado a retroceder mientras Europa sigue avanzando legislativamente.

Estos son los ocho motivos por los que sigo y seguiré defendiendo que el 8 de marzo es fundamental. Los días internacionales sirven para hacer una pausa en nuestras ajetreadas vidas y dedicar un instante a reflexionar sobre problemas que acucian nuestra sociedad y que suelen pasar desapercibidos el resto del año. Hace doce meses, ya escribí un artículo al respecto, aunque lo hice conmocionado por un nuevo asesinato machista. Hace doce meses una amiga, moderna, formada, periodista, leyó mi artículo y me dijo estar sensibilizada con la lacra del terrorismo doméstico pero sin embargo no aceptó la felicitación por el Día de la Mujer, según ella, lo importante es la valía personal, no el sexo del individuo. Ella aborrece esta jornada, le parece una abominación progre trasnochada, me consta que no es la única en tener esta opinión respecto de la efeméride y esto me sigue suscitando muchas preguntas, o más bien muchos supuestos argumentales.

Supuestamente debemos entender que si en España el 70% de los consejos de administración no incluyen mujeres debe ser porque ellos son más válidos que ellas para esos puestos. Tenemos que comprender que si hay una diferencia de un 20% en las retribuciones salariales es porque está demostrado que el rendimiento de ellas es menor. Hay que asumir que si en las Cortes, sólo un tercio de los diputados son mujeres es porque no son muy duchas en política, quizás por eso existe la misma proporción en las instituciones europeas donde, por cierto, sólo cuatro mujeres representan a su gobierno en una unión de veintisiete. Sin embargo, mantengamos la esperanza, esto puede cambiar gracias a las demandas de los Secretarios Generales masculinos de los principales sindicatos. De la iglesia mejor no hablar, ese tema no me concierne.

Tampoco es lógico que este día tenga carácter universal ya que si millones de mujeres están sometidas al yugo de velos opacos - hablo de sometimiento, no de una discutible decisión propia - y otros tantos millones sufren la ablación u otros maltratos físicos irreversibles es porque cada sociedad tiene su idiosincrasia cultural. Si en México y Centro-América la mujer se ha convertido en diana de la furia machista tampoco es relevante, es un problema de cárteles narcos y no de machismo. Si la trata de blancas desde Asia y Europa del Este está más vigente que nunca es porque la avidez de las redes de prostitución no tiene límites, pero tampoco es una agresión machista, es sólo cuestión de negocios.

En efecto, si asumimos todas estas realidades como hechos propios de nuestra era, deberemos concluir que este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no tiene ningún sentido y sólo eliminándolo del calendario conseguiremos alcanzar la igualdad real, un extraño teorema que aún nadie ha logrado explicarme. Como a mí me parece una gilipollez -término tan masculino como ilustrativo- y creo que ese pensamiento es repugnante en el caso de los hombres y traidor en el de las mujeres, seguiré siendo un activista "ochomarcista" mientras los hecho no demuestren que ya no es necesario.




Hoy sólo reclamamos una parte de los derechos que Eleanor Roosevelt, nada menos que una más, contribuyó a plasmar en la Declaración Universal de Derechos Humanos y lo hacemos porque su aplicación, sesenta años después, sigue siendo utópica. Mientras un sólo tío utilice el término feminazi o uno sólo tilde de lesbiana a cualquier feminista por tener el pelo corto, este día seguirá teniendo sentido. Ni hemos avanzado tanto como nos quieren hacer creer ni tiene sentido dejar de reivindicar una justicia e igualdad social que nos beneficiará a todos (cuando hablo de todos, quiero decir todos y todas, si no entro en el debate léxico es porque sinceramente pienso que nos hace perder foco).

PD: Sigo teniendo la misma jefa directa que el año pasado y sigue siendo el mejor jefe que he tenido, así que hoy, aunque no lo leerá, este artículo se lo dedico a ella.


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