viernes, 23 de marzo de 2012

Poesía y Agua

Lagunas de Ruidera
¿No es el agua poesía para el corazón de Castilla?
 
Esta semana se habló de agua y también de poesía, que exista un día para estos dos bienes asusta porque la existencia de estos días sólo índica peligro y olvido. Peligro de que desaparezca la primera y olvido en el que ha caído la segunda. Sólo me acuerdo del agua cuando tengo sed y de poesía nunca estoy sediento. No, yo tampoco leo poemas.

Debemos recordar, recordar es importante, recordar que el radicalismo aborrece la lírica al igual que la lírica huye del radicalismo. Algo debe de haber en unos versos cuando se asesina por ellos, dictadores de toda índole persiguieron y aniquilaron poetas quizás por no entenderles o quizás por evitar que otros comprendiésemos. Hoy todo es igual, decenas de rotativos económicos entierran la esperanza de publicar poesía y la dictadura de los mercados consigue someternos a su dialéctica tramposa. Cuando las cosas iban bien sólo se hablaba de bolsa, warrants y otras obscenidades, ahora que todo va mal sólo se habla de riesgo, bonos basura y otros barbarismos que nos sumen en la cretinez absoluta de elegir caminos que no conducen a ningún lugar.

Mientras tanto nos quieren privatizar el agua y ¿qué es eso sino privarnos - llamativa coincidencia etimológica - de lo que siempre fue nuestro por derecho? Si algo sabemos es que somos agua, todo es agua y sin agua no hay nada. Ya lo expresé una vez, ya intenté encontrar respuestas a preguntas infantiles tan obvias que no tienen respuesta o se nos han olvidado. ¿Por qué escribir sobre lo mismo si nada ha cambiado?

Sigo rememorando el día en que dejó de salir agua del grifo de su bañera, así, sin más. A pesar de hacerle mucha gracia que le trasladásemos a "la ducha de los mayores", él necesitaba una razón coherente para este suceso, el caso tuvo una resolución sencilla, entendió que las cosas se rompen y papá no es capaz de arreglarlo todo. En ocasiones son los niños quienes nos ayudan a recuperar la lucidez perdida. También suelen ser ellos los grandes olvidados de todo lo que ocurre en nuestro entorno, cuando son objeto noticioso nunca es para bien y además sólo tenemos acceso al suceso pero nunca a lo que ocurre en el interior de esas maravillosas consciencias aún sin modelar.

"El extraño caso del grifo seco" debería recordarnos que la mitad de la población del planeta sigue sin tener acceso al agua y a diario fallecen 4.500 niños por causas directamente relacionadas con esta carencia. Imaginemos, si es posible, cómo desembrollar semejante paradoja para que la comprenda un menor:
- "Hijo mio, somos seres humanos y necesitamos este liquido para sobrevivir"
- "Y entonces, por qué no hay en el poblado papá"
- "Porque es así cariño..."
Con un poco de suerte, este crío (o cría en la mayoría de los casos) prescindirá de ir a la escuela o jugar, para dedicar la jornada a llegar a un lejano pozo no contaminado que le permita subsistir.

Nosotros sólo debemos asumir que nuestra agua estará en manos ajenas con intereses inciertos y tener fe en que las repercusiones de esta disparatada decisión serán nulas o escasas. No es de extrañar, la verdad es que las políticas que desarrollan algunos suelen basarse en la fe, al fin y al cabo son democristianos. De manera que sólo nos queda confiar en que un día no nos cobren peaje por subir a una montaña a respirar el aire puro que ya escasea en nuestras ciudades.

Si hablamos de recursos escasos y minorías nada mejor que un poema, de una mujer, idealista, Premio Nobel (primero para la literatura latino-americana), moderna, a la que no sé si le gustaría ver su rostro en un billete chileno.

Agua de Gabriela Mistral.

Hay países que yo recuerdo 
como recuerdo mis infancias. 
Son países de mar o río, 
de pastales, de vegas y aguas. 
Aldea mía sobre el Ródano, 
rendida en río y en cigarras; 
Antilla en palmas verdi-negras 
que a medio mar está y me llama; 
¡roca lígure de Portofino, 
mar italiana, mar italiana! 

Me han traído a país sin río, 
tierras-Agar, tierras sin agua; 
Saras blancas y Saras rojas, 
donde pecaron otras razas, 
de pecado rojo de atridas 
que cuentan gredas tajeadas; 
que no nacieron como un niño 
con unas carnazones grasas, 
cuando las oigo, sin un silbo, 
cuando las cruzo, sin mirada. 

Quiero volver a tierras niñas; 
llévenme a un blando país de aguas. 
En grandes pastos envejezca 
y haga al río fábula y fábula. 
Tenga una fuente por mi madre 
y en la siesta salga a buscarla, 
y en jarras baje de una peña 
un agua dulce, aguda y áspera. 

Me venza y pare los alientos 
el agua acérrima y helada. 
¡Rompa mi vaso y al beberla 
me vuelva niñas las entrañas!

PD: Defender lo que es nuestro no es una utopía, no hacerlo sería empezar a escribir nuestra propia elegía.




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