viernes, 27 de abril de 2012

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible que ya nadie se ponga de acuerdo en nada?
¿Cómo es posible que decenas de sesudos "economistas" no sean capaces de consensuar un presupuesto?
¿Cómo es posible que siempre se culpe de todo a otros?
¿Cómo es posible que sólo existamos ya como masa y no como individuos?
¿Cómo es posible que ansiemos poder y responsabilidad si tenemos la certeza de no saber asumirlos?
¿Cómo es posible que tomemos decisiones a sabiendas del daño que éstas provocarán en nuestro entorno?
¿Cómo es posible que no percibamos el perjuicio que se provoca a los más débiles como el nuestro propio?
¿Cómo es posible que la única forma de defender nuestras ideas sea atacar las del prójimo?
¿Cómo es posible que nuestros valores cívicos se hayan deteriorado hasta el límite de la putrefacción?
¿Cuándo ha ocurrido? ¿Por qué hemos dejado que sucediese?

Por supuesto que me refiero al gobierno y claro que lo hago en primera persona del plural, basta de hablar de los otros cuando estamos todos y cada uno de nosotros en el origen de los problemas. Nuestros representantes políticos no se ponen de acuerdo en nada porque imitan nuestras actitudes, porque al fin y al cabo ellos son nosotros. Resulta que a nosotros, hace tiempo, nos dejó de importar tener razón, hace mucho decidimos que era mucho más gratificante demostrar que el otro no la tiene. El día que decidimos abandonar nuestra razón fue el día que dejamos de investigar para encontrarla y ese día perdimos la oportunidad de descubrir que habíamos errado.

Claro que no son capaces de definir entre todos un presupuesto que sea beneficioso en conjunto, no lo son porque se trata de apostar a un sólo número para ver quién gana, para demostrar de nuevo que el otro no tenía razón aunque nosotros sepamos que tampoco la tenemos. Ellos han visto como hemos presupuestado en nuestros hogares y empresas, ellos nos han visto jugar a la ruleta rusa. Ellos beben de nuestros vicios, llevan años observando como presupuestamos nuestros negocios para perseguir el fin de lograr un máximo beneficio que contente a unos pocos. Les podríamos haber enseñado que para hacer crecer nuestra productividad es más lógico re-invertir en las personas y su bienestar para conseguir que nuestros productos sean más accesibles porque además hay más personas felices que pueden demandarlos. Pero lo que les mostramos fue que para deslizarnos a gusto por el parqué era más excitante comunicar con pompa y boato la cantidad ingente de dinero que habíamos ganado, poco importa que ese dinero no exista ni tenga una traducción tangible ni sepamos el uso que se le va a dar, nuestros accionistas y sus brokers ni siquiera saben a qué nos dedicamos. Además, en su caso - el de los políticos, me refiero - no pueden consensuar nuestro presupuesto - el nuestro, me refiero, no el suyo - porque entonces ya no tendrán nada que vendernos cuando regrese el zoco electoral a las plazas de toros.

Se culpan los unos a los otros por lo mismo, saben que lo entenderemos porque cuando nosotros asumimos una nueva responsabilidad laboral, lo primero que hacemos es culpar a nuestro predecesor y su mala gestión de los mediocres resultados que nuestra línea de negocio está obteniendo. Lo malo es que a nosotros esa excusa nos vale una sola vez, a la segunda nos despiden, ellos - nuestros políticos, insisto en lo de nuestros porque yo no soy su votante ellos son mis representantes porque a mí me da la gana - pueden utilizar la misma argumentación hasta el fin de sus días sin más repercusión que descender un piso en la escalera del poder. Ni era lícito ayer negar la mayor o buscar causas en un supuesto entorno hostil ni es hoy oportuno cargar la culpa en quién ya no tiene ninguna responsabilidad de gobierno.

Somos una masa informe que se cree potencialmente peligrosa para un poder establecido que ya no nos teme, aceptamos que denuesten a los inmigrantes y les priven de derechos sanitarios básicos porque nosotros tampoco les tratamos como a iguales, cedemos al giro constante de los valores cívicos institucionales porque nosotros también los hemos perdido.

No sé cuándo sucedió esto, quizás fue un proceso de degradación ciudadana constante que pasó desapercibido pero creo que se produjo porque durante demasiado tiempo vivimos cómodos inmersos en una complacencia cómplice. Hasta que no nos separemos de ellos y reiniciemos el juego, seguiremos pensando que les juzgamos mientras nos auto-inculpamos.
Hala, a seguir durmiendo...



PD: Tampoco nos preocupemos mucho, dentro de poco empieza la Eurocopa y tendremos algo de qué departir.

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