lunes, 9 de abril de 2012

Decisiones y consecuencias

La culpabilidad de unos azores innobles
El azor se esconde, acecha a su presa y cuando la tiene localizada se lanza aprovechando su ángulo ciego y acaba con su vida valiéndose de la presión que ejercen sus garras. Estos tipos que aparecen en la fotografía de hoy actuaron de la misma manera, agazapados urdieron sus planes y mientras su víctima dirigía su mirada hacía la ONU ellos iniciaban el ataque desde una atalaya situada en un acantilado de unas islas lejanas llamadas Azores en honor a dicha rapaz. Fue una decisión personal cuyas consecuencias debieron pagar ellos pero al no tener ni la nobleza ni la destreza de un ave provocaron años de dolor, muerte y destrucción masiva a cientos de miles de seres humanos.

Por supuesto, todas y cada una de las vidas segadas en esta guerra infame tiene el mismo valor y merece nuestro respeto y recuerdo infinito e independiente del bando al que perteneciese, no conocemos ni los nombres ni los apellidos de la gran mayoría, tampoco sabemos del sufrimiento de sus familias, tan sólo podemos intuirlo. Sin embargo, en cada país sí individualizamos el horror y recordamos hombres y mujeres concretos a quienes debiéramos estar eternamente agradecidos, sus nombres pertenecen ya a la historia y su pérdida nos marcó en lo más hondo.

Esta semana recuerdo a dos personas que fallecieron en Bagdad con sólo un día de diferencia en el mes de abril de 2003 escasas semanas después de que los tres nefandos personajes de la fotografía y su anfitrión - único que sigue en activo, alguien creyó en su idoneidad para dirigir una Comisión Europea desprestigiada - decidiesen invadir un país. Hace ya nueve años que nos arrebataron a Julio Anguita Parrado y José Couso Permuy, tenían entonces aproximadamente la edad de quien suscribe y un futuro más que prometedor pero incluso siendo conocidos, hoy ellos ilustran lo profundamente injusta que resulta en ocasiones la atención mediática.

El pasado día 8 de abril, Couso recuperó cierto interés informativo, se le dedicaron algunas líneas y minutos en los medios e incluso la funesta efeméride fue tendencia en redes sociales como Twitter, yo mismo participé en ello aportando mi granito de arena para mantener vivo el recuerdo de la persona y de su abyecto asesinato . Sin embargo pocas referencias a Parrado se pudieron encontrar el día anterior, fecha en la cual, nueve años antes, un misil también terminaba con los sueños del joven periodista que recién comenzaba su trayectoria como reportero de guerra.

Deberíamos preguntarnos qué diferencia existe entre ambos compañeros para que uno siga acaparando algún tiempo informativo mientras la figura del otro se ha diluido con el transcurrir de los años. Sin dejar de lado la encomiable e infatigable labor de los familiares y amigos de Couso creo que la clave está en la supuesta culpabilidad de los asesinatos. El misil que quitó la vida a Parrado provenía de fuego "enemigo", fueron "los malos" quienes lo lanzaron, es decir el ejercito iraquí, por lo tanto desde un primer momento y al no ser posible delimitar responsabilidades, su caso pasó a engrosar el vergonzoso saco de los mal llamados daños colaterales.

En lo que se refiere a Couso la opinión pública tiene una percepción muy distinta de los hechos, el fatal proyectil provenía de "fuego amigo", se localizaron tres supuestos responsables y el proceso judicial contra ellos sigue abierto a pesar de las trabas gubernamentales y diplomáticas. La justicia española sigue buscando a Gibson, Woldrford y De Camp, tres militares estadounidenses acusados por el asesinato del cámara de Telecinco. El problema reside en que por mucho que nos esforcemos en hallarles nos les encontraremos porque están perfectamente hallados, son veteranos de guerra y podemos columbrar que una vez licenciados siguen con sus vidas en sus respectivos hogares, solamente deberán evitar elegir las costas españolas como destino vacacional y eso es algo con lo que se puede vivir. Pero la verdadera cuestión tampoco es esa sino que no desviemos el foco de atención, se acertó al concluir que eran tres los culpables pero quizás se erró con sus nombres porque, insisto, los auténticos instigadores, urdidores y planificadores del asesinato se siguen llamando Bush, Blair y Aznar. El día que asumamos que el factor desencadenante de la tragedia no se encuentra en montañas lejanas ni desiertos remotos habremos encontrado a los culpables no sólo del asesinato de Couso sino también del de Parrado y de por lo menos otras 150.000 personas más, será entonces cuando estemos en condiciones de identificar a tiempo a futuros sociópatas disfrazados de estadistas que quieran vendernos conflictos forzosos. Algunos dirán que los ex-dirigentes mencionados ya pagaron sus decisiones en las urnas, una consecuencia demasiado leve para quien ya había terminado su ciclo político, es como si quemo mi edificio, muere una anciana y me castigan usurpándome la presidencia de la comunidad a un mes de la junta de vecinos, un disparate.

En todo caso, sirva este artículo como sincero homenaje a Julio Anguita Parrado, José Couso Permuy y todos aquellos que siguen jugándose la vida para que el resto seamos conscientes de la atrocidad de la guerra y el sufrimiento de los más débiles. Hay quien dice que el periodismo agoniza, yo digo que seguirá estando muy vivo mientras a diario, personas como Julio y José sigan empeñados en otorgarnos información relevante que nutra el arraigo de un sentimiento anti-belicista indispensable para enfrentarnos frontalmente a las futuras decisiones erradas que puedan tomar nuestros gobernantes, después, que cada cual asuma las consecuencias de sus decisiones. Sí, estoy hablando de Irán.

Julio Anguita Parrado
1971-2003
José Couso Permuy
1965-2003







PD: Un mes más tarde de los fatídicos hechos hoy recordados me casé, después nacieron mis dos hijos, hoy seguimos disfrutando los unos de los otros y debemos luchar - por muy utópico que parezca - para que ninguna familia, en ningún lugar, se vea nunca más prematuramente desgarrada por torpes decisiones ajenas.

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