martes, 3 de julio de 2012

Tarde, mal y nunca

Me gusta viajar, siempre ha sido una faceta fundamental de mi vida, he viajado por diversos motivos y siempre me ha ayudado a encontrarme y recordar quién soy. Cuando recorro un país desconocido y me mezclo con sus gentes descubro lo minúsculos que somos y la relación entre todos nosotros como parte integrante de un mismo ser.
Existen 194 estados reconocidos de los cuales la gran mayoría pertenecen al limbo del olvido permanente, yo, por ahora, sólo he tenido la fortuna de conocer en mayor o menor medida 37, suficientes para saber que la desaparición de cualquiera de ellos provocaría daños irreversibles a la salud del planeta. Tenemos tendencia a asumir que lo que no conocemos no existe o por lo menos es insignificante, también lo hacemos con nuestro cuerpo, pocas veces pensamos en nuestros riñones, brazos u ojos, hasta que un día pasa algo que nos hace valorar su importancia. Efectivamente podríamos vivir sin los órganos y miembros descritos pero sin duda, no en las mismas condiciones.
Desgraciadamente, alguno de los países olvidados, en ocasiones pasa a primera línea informativa y cuando eso sucede suele ser porque ha ocurrido un desastre, normalmente un conflicto bélico pervertido por la distancia de nuestra superioridad moral. Nuestra indolencia funciona como acelerante y cuando nos disponemos a ayudar llegamos siempre tarde, mal o nunca. En esas ocasiones, entre imágenes y noticias sangrantes, siempre asoma el mismo pensamiento fugaz: he ahí un país que jamás visitaré, esas son las personas que jamás conoceré.

TARDE
A estas horas, el norte de Malí está siendo masacrado por unos degenerados sin escrúpulos que someten a sus ciudadanos sin piedad, actúan con total impunidad y se sienten legitimados para hacer y deshacer a su antojo. Dentro de muy pocos días, muy pocos, todo el país quedará a oscuras bajo el manto de un enorme burka que lo hará desaparecer de la faz de la tierra y por supuesto de nuestros periódicos. En este mismo instante, esos salvajes que se han hecho con el poder están destruyendo vestigios arqueológicos que durante siglos han presenciado silenciosos el transcurrir de la vida en el desierto entre invasiones, peregrinaciones e intercambios comerciales. Tombuctú cae y con ella los sueños de los viajeros que allí pernoctaron y las ansías poéticas de libertad de quienes un día quisimos perdernos en un lugar recóndito al que ya, probablemente, nunca iremos, y si lo hacemos, probablemente, no quedará nada. La única ocurrencia para proteger los templos de Tombuctú ha sido incluirla en la lista de la UNESCO con décadas de retraso, no se espera ninguna intervención internacional en la zona y si llega será demasiado tarde. Mientras tanto, los extremistas se ríen de nuestra burocracia y declaran irónicos: "¿ONU?¿Qué es la ONU? Yo represento los designios de Allah..."
Ayer:
Hoy:
MAL
Si malo es llegar tarde, peor es hacerlo sabiendo qué sucederá, y lo sabemos. A principios de siglo intervenimos en un país ya destruido, en Afganistán lo hicimos mal, muy mal, allí encendimos la llama del radicalismo en el siglo XX para ejercer de bomberos en el XXI cuando la población ya había sido masacrada, las libertades fulminadas y su historia convertida en polvo. Hace poco, alimentamos un avispero en Asia y hoy repetimos la jugada en el norte de África tropezando dos veces en la misma piedra, pero como son sus piedras - pronto sólo quedará eso - nos hacemos los despistados.
Esta foto fechada en el año de mi nacimiento ya no existe:
NUNCA
Escribo en esta ocasión sobre los horrores de nuestro tiempo sólo mostrando la perfidia "monumental" porque mis retinas no pueden soportar la imagen de más dramas humanos pero no olvido que la verdadera tragedía sigue siendo el desprecio por la vida humana, parece que a medida que aumenta el peso demográfico de un mundo ya de por sí sobre-poblado, se devalúa el precio de la misma. No llegué a conocer ninguno de los dos países anteriores pero el año pasado sí pude visitar Jerusalén, una ciudad que aún mantiene en pie su grandiosidad histórica. Quizá algún día, aquellos que sólo adoran un muro decidan que el resto de construcciones son impías y opten por su destrucción, por el momento se limitan a aplastar a un pueblo hermano.



Esto sucedió esta semana según denuncia B'Tselem y poco me importa si fue un vídeo premeditado o no, sólo diré que en todo caso la patada es un hecho y el agredido podría ser mi hijo. El año pasado mi mujer y yo fuimos retenidos en la frontera terrestre entre Israel y Jordania. Allí, a dos pasos del muro de la vergüenza pudimos comprobar en persona la "amabilidad" de unos macarras vestidos de uniforme que no dudaron en privarnos de nuestros derechos más básicos durante más de dos horas, separándonos al uno del otro y quitándonos todas nuestras pertenencias, documentación incluida. Si nos trataron así  nosotros qué no harán con ellos. Allí simplemente suceden estas cosas porque no es que hayamos llegado tarde, no es que lo hagamos mal, es que no hacemos nunca nada.

En cuatro días parto a Rumanía, un nuevo sueño, una nueva aventura y seguro que nuevas gentes y costumbres por conocer. Cuando lo cuento, recibo una pregunta que no por repetida deja de sorprenderme: ¿Pero qué se os ha perdido en Rumanía? Es entonces cuando logro comprender la causa principal de parte de los problemas que asolan este extraño planeta que habitamos, se llama indiferencia, cuando no displicencia.

1 comentario:

  1. Álvaro,

    Una triste realidad y gran reflexión la que planteas en tu articulo. Creo incluso que la realidad es aun peor de lo que conocemos o nuestra imaginación puede alcanzar, mira lo que ocurre mismamente en nuestro país en la situación actual, y se supone que tenemos un estado de derecho, que no ocurrirá en esos países donde no hay respeto por la vida y todo se construye alrededor del odio o el miedo.

    Como bien dices, posiblemente no conozcamos esos rincones del mundo, y si lo hacemos sus gentes habrán sufrido tales barbaries que habrán perdido su esencia original y pura.

    Un abrazo

    Estanis

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