jueves, 20 de septiembre de 2012

En este momento...

En este momento la noche podría estar abriendo,
es algo que suele suceder en un momento...
En este momento, masas enfurecidas acosan embajadas occidentales en Jartum por un vídeo que nadie ha visto mientras en Sudán del Sur los refugiados se hacinan en campos fronterizos, sucumben a epidemias y se preguntan si es que la guerra civil en ciernes entre los dos "Sudanes" se ha paralizado al llegar el infiel enemigo común.

En este momento, una treintena de países a lo largo y ancho de África y Asia recorren un camino sin retorno hacía un radicalismo que les traerá más de lo mismo, sufrimiento, pobreza, escasez democrática y un futuro incierto. En este momento me acuerdo de aquella vilipendiada Alianza de Civilizaciones, una iniciativa que no dejaron ni nacer, ridiculizándola hasta el absurdo cuando ya entonces teníamos pistas de que bien llevada podría haber sido una herramienta de gran utilidad diplomática. En vez de eso lo que tenemos es un embajador asesinado en Libia, lo que sin duda complica el asunto.

En este momento, cerca del Estrecho de Gibraltar, liberamos islotes de dudoso valor estratégico y nulo valor sentimental. A la vez, el control de otras islas en el Mar de China provoca un choque de gigantes en Asia que aprovechan para dirimir viejas rencillas mientras el arbitro de la contienda, los Estados Unidos de América, pacta nuevos escudos antimisiles en la zona y aprovecha para denunciar las prácticas comerciales de uno de los contendientes por competencia desleal, curioso arbitraje el suyo. A buenas horas, mangas verdes. Además de eso, nos encontramos con otro embajador "accidentalmente" fallecido en Japón, lo que sin duda complica el asunto.

En este momento, unos cuantos kilómetros al sur de los islotes que nos afanamos en rescatar en el Mediterráneo, el radicalismo, el mismo del que hablaba al comienzo, se hace cada vez más fuerte en el norte de África, la música ya no suena en gran parte de Malí y las mujeres ya han perdido sus derechos más básicos porque los talibanes saharianos ya han comenzado a aplicar las inverosímiles leyes que les dicta un dios o alguna extraña enfermedad mental. Afortunadamente no todo es malo allí, la cosecha en la zona del Sahel ha sido buena y ya "sólo" un 20% de la población de ese inmenso territorio pasará hambre, la mortalidad infantil también se reducirá, no fallecerán por causas directamente relacionas con la desnutrición más de 250.000 niños, todo un avance. Sin embargo, todo indica que la zona se convertirá en el frente de vanguardia o retaguardia -según se mire - de la próxima guerra santa que se avecina con "occidente"  y entonces ya nada importará.

Todo esto en el mismo momento en que nuestra deuda no hace más que crecer, nuestra producción no hace más que decrecer, nuestros Medios no hacen más que embrutecer, nuestra Europa no hace más que envejecer y nuestra obsoleta democracia no hace más que ensombrecer la extraordinaria evolución tecnológica que hemos sido capaces de desarrollar. Es un último intento, a la desesperada, de impedir que la tecnología se extienda y obligue a cambiar para siempre estructuras, conceptos y personas que desean  nadar a su antojo en las tranquilas aguas  de su pantano reaccionario a pesar de que la presa que lo contiene presenta ya señales evidentes de desgaste y más de una grieta.

Y, por supuesto, en este momento, Catalina de Inglaterra llora porque le han visto media teta, Esperanza de Madrid llora mientras nos abandona sin decir por qué y Cristiano el portugués llora como llorón que es. Nada más lejos de mi intención que olvidar las noticias que de verdad importan y provocarán sin duda un giro histórico en el devenir de la humanidad.

También es posible, que en este momento ya haya alguien, con las ideas claras, que sepa lo que se debe hacer y cómo hacerlo. Puede ser, que en este momento, ese alguien, seamos muchos, todos aquellos que hemos decidido salir de esa oscura caverna en la que durante años habitamos, no ya sin ser capaces jamás de adentrarnos en la caverna vecina sino sin ni siquiera haber echado nunca un vistazo a la amplitud del mundo exterior. Creo que este puede ser un momento excelente para dejar de ser de algo, de alguien, de esto o de aquello y comenzar, simplemente, a Ser y percibir que otros también Son.

En el arranque de esta nueva temporada turbutópica prefiero quedarme con la ilusión despierta de no estar asistiendo al fin de un momento sino sólo protagonizando el inicio del siguiente aunque de momento no lo sepamos. Veremos.
Fin del paréntesis.



PD: Debo añadir hoy un largo posdata para dedicar este artículo a Santiago Carrillo, también en este mismo momento en que yo escribía, él apuraba los últimos instantes de una intensa vida que a más de uno nos gustaría vivir. Podríamos preguntarnos qué hacer ahora, yo no lo sé pero sí sé que tenemos grandes retos por delante y que con la mitad de su ímpetu y compromiso social deberíamos ser capaces de casi todo. Dijo Abraham Lincoln que no importan los años que vivas sino la vida que pueble esos años, Santiago Carrillo gozó de ambas cosas y por eso es falso que haya muerto porque ninguna persona muere del todo mientras siga inspirando a otra el camino que debe seguir, para mí siempre será un referente. 
Descanse en Paz Camarada.

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