jueves, 27 de diciembre de 2012

Con el culo al aire

Nicholson con el culo al aire en
"Something's gotta give" (2003)

Pocas cosas hay más democráticas, socialmente igualitarias y fraternales que pasear por el pasillo de un hospital con una bata raída que deja asomar nuestro honroso culo. En ese momento no hay distinción alguna y puedo imaginar que para un cirujano que nos tiene abiertos en canal sobre su mesa en quirófano tampoco. En un hospital público no hay apellidos, sólo nombre propio. En un hospital público sólo tiene sentido el tuteo porque los formalismos sociales carecen de sentido mientras se limpia ese culo que después asomará tras la bata rasgada. En un hospital público todos comemos lo mismo porque no existen más caprichos que los puramente terapéuticos y esos sólo los puede marcar un Doctor.

Sí, también se trata de esto y puede que en el anterior artículo realmente me quedase en blanco y no llegase a acertar con el quid de la cuestión pero las celebraciones navideñas también sirven para charlar, completar una opinión o incluso rectificarla si fuere menester. Un sólo comentario de un tío mío bastó para percatarme de que había olvidado la pieza estratégica e ideológica que fundamenta el robo sanitario que se está perpetrando: el egoísmo puro y duro. Este tío mío - uno de esos que te tocan en la lotería del matrimonio y que con los años reconoces como propio - resulta que es médico y resulta que además nació con la fortuna de traer la sensibilidad social instalada de serie, él me comentó sencillamente que todo se resume a lo de siempre, hay personas que no ven más allá porque su más acá egocéntrico y acumulador no se lo permite. No deja de ser curioso, por cierto, que estadísticamente la mayoría de estas personas afanadas en dejarnos con el culo aire para tener bien tapado el suyo, suelen creer en un Más Allá que jamás han visto ni verán, ironías. Pues estos seres vivos - no sé si llegan a humanos  - tienen representantes políticos y esos representantes, representan sus intereses que no son otros que no dejarse ver el culo nunca más ante un inferior, sea este compañero de habitación o celador.

Así llegamos a lo mollar, estos tiparracos herederos de la tiparraca nunca entenderán por qué teniendo más recursos, a la hora de la verdad, cuando la dolencia es grave, tienen exactamente el mismo derecho y mismo trato que un muerto de hambre cualquiera. Esto ni lo han entendido nunca, ni lo entienden hoy ni lo van a seguir consintiendo, al igual que tampoco consentirán que el hijo de un campesino emigrante termine su ingeniería antes que el cazurro holgazán de su hijito fiestero. Y en esto estamos cien años después, otra vez a vueltas con la lucha de clases, en esta ocasión unos intentan restaurarlas y otros pretendemos defender con uñas y dientes que nos tenga que enseñar el culo hasta el mismísimo rey de España  si fuese necesario.

Mientras tanto, la hija de mi tío se fue. Ella es prima de mi mujer, me gustaría considerarla como prima propia pero no puedo porque apenas hemos coincidido, quizá porque cometió un día el acertado error de convertirse en médico y eso suele hacer incompatibles horarios y vidas con el común de los mortales.  En estos momentos, tras una larga travesía del desierto, la hija médico de mi tío médico vive en una pequeña ciudad holandesa, trabaja en un hospital público y el próximo mes, tras años de lucha, cobrará al fin un salario acorde a su capacidad como cardióloga - esta palabra en femenino me hace saltar el corrector automático pero me importa un pimiento - y a su indiscutible formación médica. Es probable que la hija médico de mi tío médico ya no regrese, es probable porque su novio - también médico porque también sacrificó acertadamente años de su vida para ello - parece que será bienvenido en el mismo hospital, allí están encantados de recibir a los profesionales jóvenes y cualificados que aquí expulsamos. Se nos van los cerebros y se nos acumulan los políticos descerebrados  y así, sin educación igual para todos, sin sanidad igual para todos y sin profesionales que estén dispuestos a seguir luchando en soledad, pasan los meses, pasan los años, pasan las décadas y nos vamos irremisiblemente quedando, todos o casi todos, con el culo al aire.

Os deseo un saludable año 2013, más os vale porque como os pongáis malitos...

At the same time, far, far away...
The president of the United States of America is alerting his country of the real perfect storm, the "american way of life" great earthquake. He promised to conserve the country's health protection, he sweared he would never touch the health programs, nor the Medicaid nor the Medicare. So I guess you, american citizen, must trust him because he's Nobel of Peace awarded and I presume he doesn't want to go down in history like the president who ignited the wick of an unexpected american social revolution just two months after his election.
But don't worry, american citizen, your health service will always have customers from Spain. Here in Spain, lots of people keep collecting money or bottle caps in order to keep their faith alive. They blindly believe on the miraculous sanation of their sons, daughters, brothers, sisters and parents in your country . They will never accept that there's nothing you can do for them if we were unable to do anything in one of our exceptional public hospitals. But this is true just for the moment because some stupid spanish polititians are doing their best to wreck one of the top health systems in the world.
Good luck and take care of your health, we'll keep on fighting for ours before becoming like zombies...




PD: La última parte del post la escribo en inglés porque tuve la fortuna de aprenderlo en parte a costa del dinero de mis padres, mea culpa, pero de eso se trata también, de luchar por que todos tengan la misma oportunidad con o sin dinero.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

En blanco

Os presento a Mi Hospital
Hace más de un mes que no publico ningún artículo pero hoy no hablaré sobre el síndrome de la página en blanco porque no creo que a nadie le interesen los motivos por los que escribo o dejo de hacerlo, sin embargo es necesario que dé una mínima explicación de lo sucedido para introducir el tema que más me turba estas últimas semanas.

Decidí abandonar temporalmente Turbutopía tras el ingreso de mi padre allá por el mes de octubre en una clínica privada de Madrid por una supuesta afección renal, hay que decir también en este punto que hace algo más de un año se sometió a una operación cardíaca de cambio de válvulas en otra célebre clínica privada de Madrid. A los doce días de aquello, le intervinieron de urgencia por segunda vez a corazón abierto, debían eliminar un coágulo, un litro de sangre en el pericardio, cosas que al parecer suceden sin más. Finalmente, como las casualidades no existen, tras un largo periplo de clínica privada en clínica privada a lo largo del último año, después de un ictus, un falso diagnóstico de cirrosis y otro erróneo diagnóstico de insuficiencia renal aguda, recabamos en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Fue "duro" pero convencimos a mi padre de que la salud era más importante que la comodidad y allí, al fin, se le diagnosticó un desprendimiento de cien grados en la válvula mitral y un problema en la tricúspide. Tras diez horas de compleja cirugía cardíaca extracorpórea y muchas semanas de ingreso hoy mi padre se encuentra aún en el hospital pero parece que progresa adecuadamente hacia su recuperación definitiva.

¿Por qué contar hoy esta historia tan personal? La cuento porque estoy en blanco, porque tras tantos días conviviendo con nuestro excelente personal sanitario me siento parte integrante de la marea blanca que invade nuestras calles, las puertas de nuestros hospitales y nuestros centros de salud. Me siento éticamente obligado a apoyar sin ningún tipo de matiz todas las huelgas, manifestaciones y protestas que se están produciendo o se vayan a producir por mucho que puedan incomodar a mi padre o hacer un poco más larga su convalecencia. Lo apoyo porque si no nos hubiésemos dotado de la sanidad pública que aún hoy disfrutamos, algún infame gerente privado habría valorado que su operación no tenía ninguna garantía de éxito y además no era rentable, las consecuencias hubiesen sido funestas. No se trata ya de que vayamos a pagar por lo ya pagado, se trata de intentar evitar que nos dejen morir como chinches.

Debemos apoyar a todas esas personas que nos curan, nos atienden, nos dan de comer, nos limpian e incluso nos dan consuelo aunque no esté entre sus cometidos. Ellos y ellas tienen la fortuna de ejercer un empleo vocacional, se formaron para ello sin pensar en el lucro porque para lucrarse todos sabemos que existen caminos mejores y más rápidos. Sí, no debemos dudarlo, tienen vocación de servicio, por eso, sólo por eso, han aguantado carros y carretas durante lustros de terrorismo "liberal" en Madrid sin pestañear, por eso han soportado vejaciones públicas, mermas salariales y precariedad laboral, por eso, en fin, se han cuidado muy mucho de hacer huelgas hasta ahora, porque ellos y ellas cuidan, se dedican a eso y por eso nunca quisieron defenderse perjudicándonos a nosotros.

Pero ahora sí ha llegado el momento de parar porque ya no están defendiendo sus derechos laborales - que también, por justicia pueden y deben - ahora están luchando por nuestra salud presente y futura. Ahora nos toca a nosotros cuidar de ellos y eso pasa por hacer de su bata nuestro sayo, aquí no valen ya matices ni contra-argumentos ni justificaciones estériles. Muchos datos se han publicado ya, no ahondaré en ellos, no es necesario, basta con haber salido de nuestras fronteras y echar un vistazo a lo que se escribe y comenta fuera para saber con certeza que nos envidian, el turismo sanitario a España surgió por algo. Poder mejorar no significa que no se haya estado haciendo bien, poder ser más eficientes no significa no haberlo sido bastante, poder gastar menos no significa en ningún caso haber gastado mucho.

Ayer escribí en Twitter que Hipócrates sabría perdonar al médico que, llegado el momento, se negase a curar a González, Lasquetty, Burgueño o su jauría de perros rabiosos, entonces apareció un médico, un buen hombre, me interpeló y me hizo recuperar mi sentido común nublado por la ira. Él me dijo que siempre curará a quien lo necesite, sin preguntar, sin cobrar, sin esperar nada a cambio. Así son ellos, dadivosos, fieles a sus juramentos, comprometidos con la sociedad y con su profesión, son exactamente lo que quisiéramos que fueran nuestros políticos pero jamás serán mientras sigan gobernando nuestros países entes opacos que no elegimos.

Hace una semana fuimos a abrazar a nuestros hospitales, ayer buscamos un motivo para agradecer públicamente a nuestra sanidad su existencia, pronto, si los presupuestos generales de la Comunidad de Madrid ratifican la tropelía, deberemos atrincherarnos, no pagar y hacer todo lo que esté en nuestras manos para que ninguna empresa quiera invertir en nuestra sanidad. ¿Utopía? Puede ser pero no mucho tiempo ha, una lideresa de cuyo nombre no quiero acordarme, quiso vender nuestra agua, protestamos, firmamos y marchamos pero sólo nos libramos del robo porque nadie quiso comprarla. No estaría de más que quién quiera hacer negocio a nuestra costa sepa que somos díscolos, que seremos muy malos enfermos y le daremos muchos, muchos quebraderos de cabeza.

Aquí lo dejo por hoy, debo ir a visitar a mi padre, sigue y seguirá ingresado hasta que esté del todo recuperado porque en su hospital, mi hospital, vuestro hospital y el de tantos otros, no hay prisa, ahí no se rentabilizan camas ni atienden clientes, ahí sólo curan pacientes. Esperemos que alguna mente lúcida reaccione in extremis y se dé cuenta de que el único beneficio que se puede y debe obtener de un sistema sanitario es construir una sociedad longeva y saludable porque de esa sociedad dependerá el futuro económico de un país, porque la muerte nunca es rentable, sólo la vida lo es.

A mi padre le pararon el corazón durante seis horas y por eso yo apoyo con todas mis fuerzas que los que lo hicieron paren unos días porque si no lo hago, si no lo hacemos, será nuestra sanidad la que pare para siempre.

LA SANIDAD NO SE VENDE, SE DEFIENDE (Y si se hace cantando, mejor que mejor)