viernes, 22 de febrero de 2013

La crisis de los 40

En este caso se trata de rebasar los 40 reforzados
¿Y si sólo fuese eso, la crisis de los 40? A mí me faltan aún tres años para llegar a los 40 y sin embargo llevo al menos dos sumido en la crisis. Eso sí, entendiendo la crisis como periodo de cambios estructurales o pequeñas mutaciones de carácter encaminados a sacar el máximo provecho y eficiencia al tiempo de que dispongo.

Al principio fueron pequeños indicios sin importancia, hambre de escribir, más hambre lectora y mucho más apetito de nuevas experiencias. Creo que una mañana indefinida e irracional debí darme cuenta de que no era todavía el momento de reflexionar sobre lo que nunca hice sino sencillamente de hacerlo, puede que más que pensar en los años pasados cayese en la cuenta de la enorme cantidad de tiempo que aún quedaba, tan enorme que daría tiempo a casi todo.

Así, sin más, abrí un blog que me permitió escribir para un diario, así comencé a escuchar más atentamente y tuve la oportunidad de ser escuchado. Así empecé a surfear hasta que conseguí erguirme sobre una ola. Así abandoné el partido de mis amores y desamores. Así aprendí un cuarto idioma. Así me puse a devorar libros en diversas lenguas. Así reduje el tabaco hasta el mínimo justo, necesario y apetecible. Así me puse a correr hasta completar un diezmil y dos y tres, hasta verme preparando un insospechado medio maratón. Y así, en muy pocos meses me quité parte de mis complejos, auto-prejuicios y limitaciones. Puede que sólo sea la crisis de los 40 pero si lo fuese: ¡Bienvenida sea la crisis!

Aunque, si la crisis provoca tantos beneficios ¿por qué no le sucede lo mismo a nuestra Democracia? Ella está justo donde estaba yo hace dos años, a cinco del fatídico cumpleaños. ¿No debería ella empezar a hablarnos sinceramente y escucharnos serenamente? ¿No debería ella arriesgarse y subir a la cresta de las curvas bursátiles para dejarse después deslizar por ellas olvidando todo interés que no sea el nuestro? ¿No debería ella abandonar también a los partidos que la han acompañado para recuperar a unos ciudadanos que sean capaces de organizarse de nuevo de una forma más pura y sobre todo más pulcra? ¿No debería la Democracia aprender nuestro idioma y releer la constitución en la que aparentemente se basa para poder redactar una nueva más acorde con los tiempos? ¿No debería también abandonar algunos vicios perniciosos o al menos reducirlos a lo justo y necesario? ¿No debería la Democracia darse la oportunidad y dárnosla a todos de corregir, re-aprender y emprender una carrera de fondo que nos lleve más lejos de lo que jamás habíamos imaginado? ¿No debería servir para esto la crisis de los 40?

Cada reto y cada logro que he realizado en este ya largo impulso hacia los cuarenta ha sido posible gracias a la observación, apoyo y ánimo de mi entorno. Mi amigo el que escalaba más allá de los cuarenta, mis amigos que corren mucho más allá de los cuarenta (perdonad chicos pero es así), mi amiga la que aprendió italiano durante su crisis de los cuarenta y mis conocidos que más allá de los cuarenta siguen durmiendo bajo los efluvios de un éter que les mantiene desconectados de la realidad porque no se atreven a romper las ligaduras de simpatía o militancia con un partido político concreto esperando un milagro que ya no llegará.

La Democracia nos necesita hoy a nosotros tanto como yo necesité a todas estas personas, necesita nuestro ímpetu y nuestro ejemplo. Somos nosotros quienes debemos acompañarla en este trance para que salga renovada, reforzada, saludable y aseada. Esto empieza por no confundirla con un documento jurídico supuestamente inalienable, ni con una secular familia oligarca, ni con el sufragio universal, ni por supuesto con partidos que se auto proclaman garantes de la misma siendo en realidad sus raptores. La Democracia necesita que la rescatemos, zarandeemos y despertemos, luego ella hará lo mismo con nosotros o con los que lleguen con retraso al nuevo siglo.

Creo que este sábado es un día magnífico para empezar, así arranqué todo lo que me da vida durante mi particular crisis, simplemente haciéndolo, con ayuda, siempre con ayuda pero emprendiéndolo. Ayudémonos pues ¿No sería de justicia poética dar un golpe democrático el 23 de febrero, no sería la justa respuesta a la burda pantomima que nos han obligado a presenciar esta semana en Las Cortes?

Como mínimo démonos la oportunidad de pensarlo, podemos ayudarnos a pasar la crisis de los cuarenta o podemos darnos la extremaunción tras una larga, agónica y desesperante senectud. Ellos no harán nada, dependemos de nosotros mismos.

 

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