viernes, 26 de abril de 2013

Hasta la vista...

A partir de hoy miraré hacia otro lado, y sólo aullaré en el desierto.
Hasta la vista...
"¿Quién es la sociedad? No existe tal cosa (...) La vida es un negocio recíproco donde la gente tiene sus derechos en mente pero no sus obligaciones". Margaret Thatcher

Esta nefasta cita de la desaparecida Dama de Hierro pretendía ser el inicio de un insustancial escrito pero hasta aquí el borrador de lo que iba a ser un artículo más y se convertió en el último. Reconozco haber tardado en darme cuenta pero esta misma semana me he percatado de que no tengo nada que aportar a la “sociedad de la información”que no puedan aportar otros. Veo a mi alrededor como enormes periodistas de verdad siguen yendo masivamente al paro a un ritmo constante, recibo decenas de currículos a la semana y observo que muchos construyen fantásticos blogs y periódicos digitales, todo ello me ha llevado a tener la certeza de que debo cesar de inmediato mi intrusismo profesional porque no añade nada nuevo y ocupa espacio. Aunque muchos crean que el ciberespacio es infinito, no lo es, se está llenando de basura que no permite emerger a lo que realmente merece la pena.

Por otro lado, siempre dije que escribía para mí, era mi terapia, mi modo de descargar inquietudes. Eso también dejó de ser así hace meses, ahora todo el desahogo que necesito lo satisfago saliendo a correr, los pensamientos más turbios quedan atrás kilómetro a kilómetro . Además, mis limites físicos me están aportando una dosis de humildad que necesitaba, a la larga, tanto artículo y tanto elogio ligero me había llevado a tener una imagen distorsionada de mí mismo, mi ego necesita unas largas vacaciones y no podrá disfrutarlas si yo no abandono  discretamente la "escritura pública".

Puede que haya llegado el momento de dejarme llevar por la languidez imperante, puede que deba empezar a ocuparme de lo mío y despreocuparme de lo ajeno, no sé realmente si nací para ello o seré capaz de conseguirlo, quizá regrese para contar que no lo logré. Por ahora, me conformaré, tengo trabajo, un trabajo que me ayudará a no pensar en ese tercio de conciudadanos que lo perdieron por los excesos y defectos de quienes votaron para representarlos y acabaron representándose a sí mismos. Soy afortunado, lo único que me turba hoy es bajar de dos horas en la carrera del domingo, luego ya veremos.

Hace tres años comencé esta aventura, hoy, 250 folios después, me voy como llegué preguntándome si dadas las turbulencias que nos acosan no sería el momento adecuado de luchar por alcanzar las utopías que soñamos. Hoy, 106 artículos después en los que he hablé de casi todo sin saber de casi nada, sigo sin ninguna respuesta pero he aprendido a conocerme un poco mejor. Sin embargo, durante este tiempo he compartido instantes con personas excepcionales de toda índole que jamás habría conocido de no ser por este foro, con eso me quedo. Durante este tiempo, además, abandoné la política si es que alguna vez pertenecí a ella - para poder escribir en libertad y ahora sé que hice bien porque definitivamente yo ya tampoco me siento representado por nadie. En definitiva, durante este tiempo he aprendido de muchos e incluso madurado pero sucede que de tanto madurar me pareció que me estaba poniendo pocho y eso no lo puedo consentir. En todo caso espero poder seguir aprendiendo si es que los que conocí no me abandonan por haber abandonado yo esta tenaz aunque veleidosa actividad.

Antes de cerrar el chiringuito, me permitiré lanzar una última reflexión inconformista, turbulenta y escasamente utópica. Un amigo me propuso llevar a cabo una acción viral para el 14 de abril con el siguiente eslogan: "Sí se puede, sobran razones para la república". No me sentí capaz, por supuesto apoyaría sin matices cualquier iniciativa del estilo pero ya no me siento con fuerza para lanzarlas y además una pregunta martillea sin cesar mi pensamiento turbutópico ¿Sobre qué pilares se sustentará esa III República? Observo con pesar el rotundo fracaso de la República Italiana, jamás funcionó y no lo hizo por la escasa capacidad de sus moradores convertidos hoy, sin disimulo, en auténticos okupas del poder. Por tanto deduzco que la república no es garantía de nada, sólo es un sistema, un continente que debe dotarse de contenido para ser algo más y, desde luego, queda claro que los moradores actuales de nuestras cámaras legislativas no son mejores que nuestros vecinos y están en su gran mayoría carcomidos, en el mejor de los casos, por la indolencia y en el peor por la avaricia.

Hasta aquí llegó mi travesía turbutópica, me retiro a la volubilidad insustancial de Twitter hasta que el cuerpo aguante porque lo cierto es que allí tampoco me queda mucho que añadir. Hoy me giro y miraré hacia otro lado como hice en la foto que ilustra este último artículo esperando encontrar allí tanta paz como encontré un día en medio de una carretera cualquiera, de un desierto cualquiera. Eso sí, siempre con el prefijo de ese Madrid durmiente que al fin y al cabo siempre termina por secuestrarme.

Hasta la vista...

AgradecimientosGracias a la Thatcher por haber diseñado frases y políticas nauseabundas que nos trajeron al borde del abismo en el Siglo XXI y provocaron que personas indignadas como yo nos lancemos a escribir. Mil gracias a Antonio y Óscar de "El Digital de Madrid" por haber publicado estos años mis monsergas y sobre todo por haberlo hecho siempre independientemente de acuerdos o discrepancias. Gracias, mi amor, por haber aguantado mis escrituras nocturnas restando tiempo que no tenemos al diálogo. Gracias a todos por haberme acompañado tanto.  Nos vemos.

1 comentario:

  1. Amigo turbutópico (amiguito del alma me atrevo a proclamar a pesar del bigotudo ladrón...), razón tienes en recordar que la forma no lo es todo, que no hay que confundir el fuero y el huevo, que la República no es condición suficiente. Pero amigo turbutópico, sí es condición necesaria para nuestra decencia colectiva como sujetos adultos, como lo es - la forma- para la expresión de nuestras ideas. No siempre he compartido todos tus contenidos, pero en esta bitácora forma y contenido resultaron siempre una amalgama estimulante. En esta ocasión, en este ocaso, más que nunca. Un abrazo y hasta el domingo (suerte que tengo...)

    ResponderEliminar