Feliz Vanidad
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Sólo se consiente la vanidad a los genios. No parece que ellos lo sean... |

Es probable que incluso telefonease algún portavoz vaticano para ofrecer soporte espiritual y de paso agradecer personalmente a su gobierno el dejar intactos los privilegios fiscales de la iglesia. Sinceramente, no creo que esta mujer celebre su celebridad instantánea pero el cupo de vanidad está cubierto.

Son ellos, sempiternos salvadores de Europa, quienes, deslumbrados por los focos y engrandecidos por el destino, desean dejar su vana y vanidosa huella en los libros de historia siendo quizás conscientes de que su futuro cercano les alejará de cámaras y portadas. El resto de cabecillas, observan temblorosos sin conseguir desprenderse de la arrogancia que hunde el proyecto europeo, sin darse cuenta de que conseguir peso específico para un país concreto es lo contrario que buscar una unión próspera, duradera e igualitaria. Nosotros, espectadores anónimos, esperamos ansiosos desde el patio de butacas a que el corifeo nos desvele más información o alguien se sincere en aparté.

Amplias sonrisas en una imagen cenital desconcertante de quien parece reclamar a un dios inexistente la atención que creen merecida tras años de entrega a una organización blindada. Pobre premio el ser cabeza de ratón pudiendo ser cola de león. Anciana juventud la de quien antepone la P de partido a la S de sociedad, una sociedad que pide a gritos una renovación valiente de ideas y personas con las que poder identificarse. Si no tenemos nada nuevo que decir mejor no decir nada, podemos correr el riesgo de confundir progresismo con progreso personal.
Probablemente sea injusto juzgaros a todos por igual sin de verdad conocer vuestras intenciones, pero quien busca su minuto de gloria, quien sucumbe ante la indudable seducción de los focos debiera comprender que todo espectáculo requiere una crítica y que críticos podemos ser todos, eso no nos lo pueden arrebatar. Por otro lado, tampoco parece justo que debamos arder juntos en una hoguera alimentada por vuestras vanidades.
Busquemos pues en la hoguera al personaje más afín y quizá seamos capaces de descubrir nuestros errores.
Este es el frívolo mundo que nos ha tocado vivir, un mundo tan veloz como vacuo. Al no estar exento de vanidad, no pretendo tirar la primera piedra tan sólo recordar que no en vano, vano es sinónimo de vanidad.
Aun sospechando que la humildad nos acerca más a la utopía del bien común y por lo tanto a la felicidad, os deseo una feliz vanidad, disfrutadla mientras podáis.
PD: Gracias Antonio por tener el coraje de querer publicar mis divagaciones, tu osadía alimenta sin duda mi vanidad.
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